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El capitalismo global ha entrado en una nueva (otra más) etapa de crisis, posiblemente la más importante e impredecible que hemos vivido. Tras la pandemia de la COVID-19, cada uno de los límites del sistema se han puesto en evidencia, y las élites se preparan para seguir asegurando a toda costa la acumulación de capital. Conocemos, por crisis pasadas, lo que puede llegar a suponer esta nueva ordenación del tablero político y económico para las más vulnerables. A pesar de las incertidumbres, debemos estar preparadas.

La ciudad neoliberal también ha sufrido las consecuencias de la crisis: la corteza urbana se resquebraja dejando a la vista un paisaje suburbano crudo, pero rico en recursos comunes, relacionales y afectivos.

Sub-urbia es un nuevo dispositivo político que nace, precisamente, en el seno de algunos de los movimientos que conforman este nuevo paisaje social. Nuestra tarea principal es producir, junto a otros y otras, herramientas críticas para subvertir el presente.

No podemos adivinar qué nos vamos a encontrar exactamente en «la nueva normalidad». De hecho, creemos que de nada sirven las hipótesis que aventuran un futuro definido y definitivo desde la distancia. Debemos leer la crisis que viene a través de los conflictos vivos, desde y junto a los movimientos sociales y los cuerpos afectados por la propia crisis. Sub-urbia tampoco pretende definir su futuro ni su forma, y, en consecuencia, nace para moldearse junto con esos movimientos locales y translocales.

Pensamos que la reflexión colectiva y el análisis situado forman parte de esta tarea en un momento donde parece que no queda hueco para el aprendizaje crítico y radical. Por eso durante esta semana presentaremos nuestro primer seminaro: «Micro(bio)política: renta huelga y nuevos dispositivos de cuidado mutuo».